20 dic. 2016

Countdowns



-           - Aproveita neniño, que o tempo voa

A su abuela siempre le gustaba acabar las frases con un refrán. Serían cosas de la edad…o quizás del pueblo, sí, esas cosas del pueblo que hacemos para aparentar más de lo que somos. En el fondo él era igual, siempre le gustaba acabar sus pasos en la vida reafirmándolos. Como si la comida fuera más exquisita cuando se repite.

Esa noche, sin embargo, no podía dejar de pensar en esos refranes a los que nunca había hecho demasiado caso. Estaban ahí, flotando en su cabeza, a disgusto…como lo hace el hielo en las copas de las noches que se alargan por el garrafón.

En esas, mientras veía poco a poco retroceder sus cartas a la casilla de salida, no podía dejar de sonreír. De mirar hacia atrás y sentirse importante, olvidando por un momento que lo que nos hace especiales son los demás. Y entonces, cuando pensaba en ellos, es cuando de verdad todos los refranes de su abuela recobraban el sentido.

¿Sabes lo que pasa? Que nunca se me ha dado bien eso de las cuentas atrás.



Oh, let’s go back to the start

8 sept. 2015

Formulario de tiempos

-Han pasado ya dos años, ¿lo sabes, verdad?
-Lo sé. ¿Cuál es el maldito problema?
-Que has cambiado…y creo que para bien
-Quizás eso se llama crecer


Era un viernes. Sí, tenía que ser viernes. Porque era el único día en el que le quedaba tiempo para desordenar sus ideas y descartar sueños mientras la pizza se quemaba en el horno. Al mismo tiempo, en su habitación la botella seguía medio vacía y no había forma de que el optimismo la rellenara.

Son rachas, se decía, y aquello tenía que pasar tarde o temprano. En realidad todo estaba bien, aparentemente. Se sentía como un funcionario cubría el expediente, recibiendo solicitudes a toda máquina y rellenando cuestionarios para la vida con la misma velocidad de quién hojea un libro que no le interesa. El problema es que nunca se acordaba de leer la letra pequeña.

Y esa estaba cargada de peajes en forma de dormir mal y soñar menos. En forma de viernes que le recordaban que la peor de todas las resacas es la emocional. Hasta que un día todo se fue a la mierda, literalmente. Y fue entonces, solo entonces, cuando se dio cuenta de que ya era hora de empezar a crecer.




A veces es necesario dar un paso atrás para pegar un salto hacia delante

1 sept. 2015

On the road

Eran las cinco de la mañana y algo le despertó, sobresaltándole. No fue el perro de su vecino, ni el borracho de la esquina y ni siquiera eran horas decentes para que tuviera derecho a molestar el camión de la basura. Era algo extraño y que no tenía demasiada explicación.

(…..)

- Veréis niños. Hoy no quiero que abráis ese maldito libro que solo cuenta estupideces. Sí, sé que mañana tenemos examen, ¿pero qué pasaría si el examen fuera pasado mañana o la semana que viene? O mejor dicho, que el examen fuese una prueba que tuvieseis que pasar todos los días de vuestra vida.

La clase enmudeció. Sabían que de matemáticas con ese profesor no aprenderían mucho, pero lo que menos esperaban era una lección de vida a las 8 de la mañana.

- Hablo en serio, no me miréis así. Hay un lugar maravilloso que siempre querréis alcanzar en vuestra vida. ¿Cuál es vuestra ciudad favorita? La mía, por ejemplo, es Memphis. ¿Y sabéis cuál es el problema? Que cada vez que llego, algo o alguien hace que me tenga que marchar. Así, sin que yo me lo espere, como si volver a Memphis fuese tan fácil como atravesar una autovía. Pero en realidad existen baches, carreteras cortadas y trampas en el camino. ¿Y sabéis qué es lo único que os puedo decir? Que lo importante no es llegar a Memphis, si no saber disfrutar de lo jodido que puede llegar a ser ese camino.

(….)

Estaba nervioso y no podía dejar de dar vueltas en cama. No quería hacerlo pero le echó un vistazo al despertador y estaban a punto de dar las seis.  Fue entonces cuando lo comprendió todo y después de muchos días volvió a sonreír. Llevaba demasiados meses instalado en Memphis y alguien había decidido que le tocaba mudarse. Y ahora solo quedaba empezar a caminar para poder regresar allí cuanto antes.



“Puedes llevar toda la vida haciendo algo bien, que solo contará lo que has hecho hoy”

20 jun. 2015

Personajes secundarios

No eras tú, pero esa noche tampoco era yo. Me dijiste que siempre me dejaba llevar por la inercia, pero yo lo llamaría ganas de complicarse la vida y ganas de cuerda floja. Esa que a veces gusta y otras veces hace daño. Esa a la que todos nos aferramos en la noches de insomnio.

Esa madrugada no dejaba de pensar en aquellas películas recalentadas al microondas. Esas en la que tú no te podías quedar callada. Siempre decías que te sobraban personajes, que lo insulso no era interesante y que los secundarios te hacían perder el tiempo. Un tiempo precioso, supongo, ya que tú vida siempre estaba un paso por delante.


Yo no decía nada, supongo que por miedo o porque discutir contigo no era un mal menor, pero ellos eran como yo. Esos a los que tanto despreciabas, y a los que tanto desprecian, pero que son un mal tan necesario como menor. Esos que buscan una forma de sacar adelante su día a día. Una forma anónima de ser feliz.


“Lo importante en esta vida es hacer bien tu papel. Aunque a veces sea un simple papel secundario”

26 abr. 2015

Your song

He vuelto a escuchar aquella canción que tanto te gustaba. No me mires con esa cara, porque sabes de sobra de cuál te estoy hablando. La canción de los veranos cortos cargados de noches largas. Y de las noches cortas para no pasar frío bajo la manta.

¿Sabes qué es lo que más me gustaba? Que no podías parar quieta, era imposible. Supongo que todos tenemos algo que nos crea adicción. Para algunos es un café y para otros es una canción. Quizás una droga o un omeprazol. A fin, de cuentas todas los vicios tienen algo en común: hacernos felices por un instante.

Y a ti aquellos cuatro acordes te hacían sonreír como nada. Silbabas, cantabas o incluso gritabas. De hecho, el vecino del quinto sigue bajando el volumen de la radio cada vez que vuelve a sonar esa maravillosa canción. Nunca llegué a contar las veces que la pusimos, porque verte era más divertido que cualquier ecuación matemática. Lo que más me gustaba era ver cómo movías tu pie derecho. Podías estar dormida, pero ese pie nunca dejaba de moverse si sonaban esas notas. Adelante y hacia atrás, al son de la felicidad.

Hoy he vuelto a escuchar aquella canción que tanto te gustaba y he vuelto a sonreír. Y solo espero que encuentres otra canción que te haga mover el pie derecho de aquella forma.


"Si eso de ser feliz es demasiado, ojalá viva al menos el presente con salud y sin carencias. Porque nadie sabe con qué soñaremos mañana" - Haruki Murakami