5 may 2014

Dependencia

Hoy quiero hablar de fútbol. Pero no dejéis de leer tan rápido, porque a veces el deporte se puede parecer mucho a la vida. Viajemos a un bar cualquiera de una ciudad cualquiera. Eso da igual, porque en todas las ciudades hay seguidores de los tres equipos grandes. Los hay porque ellos ganan más que los otros. Y lo fácil nos encanta en el siglo XXI. Así nos va, claro

- ¡Qué putada! ¡Qué difícil se pone todo!
- Tranquilo. Aún tenemos opciones. Míralo por el lado positivo
- Es que cada vez que lo pienso.....¡ay! Si no hubiésemos tirado aquellos partidos dependeríamos de nosotros.
- Pero lo vamos a sacar adelante. ¡Tranquilo!
- Ya, ya. Ojalá.....pero no depende de lo que hagamos. Eso es lo peor.

Millones de españoles se echan las manos a la cabeza porque el éxito de su equipo no depende solo de sus actos. Y a mí se me escapa una sonrisa. Porque en realidad, las personas casi nunca dependemos de nosotros mismos para conseguir lo que queremos.

Piénsalo. Podemos hacerlo de lujo. Intentarlo. Incluso caernos y levantarnos para volver a creer. Pero si las cosas no están por salirnos de cara, nuestros castillos en el aire se acabarán desvaneciendo. Y es que a fin de cuentas lo que nos hace especiales son los demás.

Así que el fútbol, mejor, lo disfrutamos. Y me echo las manos a la cabeza pensando que esta semana depende tanto de mí, como por ejemplo de ti.


Y por si aún fuera poco, como dice Marwan, “en la vida real siempre gana el coyote al correcaminos”

22 abr 2014

Volver para crear, o creer para volver

Volver con libros de más,
y sonrisas de menos.
Volver con tus dudas, tus miedos,
con tus ganas de todo, menos de mí.

Volver como un niño
que viaja a tu parque de atracciones.
A la montaña rusa del “casi”
y a la caída libre del “nada”.

Volver con mil excusas baratas,
pero que solo son mías.
Esa tontería de encontrarse en la playa
y volver en un mar de dudas.

Volver para fallar,
como el que improvisa buscando la nota a evitar.
Volver por tus calles,
sabiendo que hoy tampoco me dejarás entrar.

Volver para creer,
conduciendo en una sola dirección.
Como el funambulista
que se aferra a un verbo por convicción.

La convicción de crear,
mi convicción de creer.
Para que por una vez,
sea a ti a quién le toque volver.



“El verbo creer es un verbo especial, el más ancho y el más estrecho de todos los verbos” – Almudena Grandes

14 abr 2014

Bandera blanca

Me gusta esta playa. No tiene arena importada del Caribe, ni una bandera azul a la que rendirle tributo. Tampoco recibe ofertas para posar como modelo en una guía turística, pero aquí me siento bien. Es algo difícil de explicar....como la física, las matemáticas o buscar algún motivo lógico por el que me gustas. Somos así de complicados. Piénsalo, vengo a la playa a buscar respuestas en la arena y me voy con un mar de dudas.

Espera, creo que ya lo tengo, esta playa es mi casa. Ese comodín que me saco de la manga cuando me pierdo en el juego de la vida.  Un lugar que siempre espera por mí, ya que todo sigue igual en esta parte del mundo. Las olas, el tiempo y las personas. Es mi institución de bandera blanca, embajadora de todas las treguas. Además, este podría llegar a ser tu oasis favorito porque aquí siempre encajan las piezas de mi puzzle.

-Muy bien. Me alegro. Pero ya estás huyendo otra vez. ¿De qué te sirve?

-Huir no soluciona los problemas, pero sirve para relativizarlos. Y visto lo visto, de momento no es poco.


"Se puede huir de todo menos de lo que se pierde" - Haruki Murakami

7 abr 2014

Fecha de caducidad

Despiertas y no sabes muy bien donde estás. Das otra vuelta en cama y solo recuerdas ese chupito innecesario que te produce dolor de cabeza. Tienes ganas de cambiar y dejar sin trabajo a tu rutina. Te pasa muchas veces, pero en el fondo te da igual. A fin de cuentas, siempre tienes alguien al lado cuando te despiertas. Y así todo es un poquito más fácil.

Soy ese yogur que tienes en el fondo de la nevera. Esa última opción escondida, que no sabes muy bien que hace allí, y que no tiras más por pena que por cariño. Un recurso sin sentido, porque sabes de sobra que nos hemos pasado de la fecha de caducidad.

Lo peor es que siempre ha sido así. Si la vida fuera un centro comercial con varias puertas nunca podríamos coincidir. Tú entrarías por la que se abre sola, sin pensar, como si las cosas fáciles fueran las mejores. Y yo, ni siquiera pasaría por la de empujar, porque sigo creyendo que las cosas fáciles nunca pueden llegar a ser maravillosas.



El problema es que tú sigues sin querer entenderlo.

30 mar 2014

Nada

Siempre le gustaron aquellos bares. No era por la decoración, ni por los precios. Ni siquiera porque pusieran buena comida. El caso es que cuando estaba en ellos se podía decir que estaba como en casa. Sería cuestión de magia, pero por un momento creyó que podría quedarse a vivir allí. Hasta que un día el garrafón pasó a servirse en forma de derrotas.

También le gustaba aquella canción. Su ritmo era sencillo y la armonía también. Para él era una sensación horrible. Llevaba diez años estudiando música y no podía explicar qué tenían de especial aquellas notas. El caso es que podía pasarse escuchando esa canción horas y horas. Y de repente, un día cualquiera, perdió toda la magia. Quizás, es que a los mejores magos también se les descubren sus trucos.

Siempre le gustaban las mismas personas. Las difíciles de comprender y descifrar. Algunos no lo entendían, pero él siempre les explicaba con una sonrisa que las personas no son fórmulas matemáticas. Y que cuánto más cuesta despejar la equis más bonito es el resultado.

Era sábado. Ella estaba en esos bares y justo sonaba aquella canción. Sacó la cartera e invitó a una ronda de futuro, bien cargada de ilusión, esperando una respuesta. Y entonces él lo supo todo porque ella no dijo nada.



“A veces la palabra que mejor lo resume todo es nada” – Benjamín Prado

16 mar 2014

Viaje a ninguna parte

Científicos de todo el mundo investigan una línea directa hacia tu boca. Crimea busca excusas para darle plantón a Rusia, ya que lo quiere es anexionarse a tu sonrisa. Y siguen las retenciones en la autopista que une tu aurícula izquierda con tu ventrículo derecho.

Esa carretera tiene el récord de puntos negros, ya que casi nadie es capaz de llegar a tu destino. Programo el GPS por tus curvas e invierto todos mis ahorros en simpatía. Sé que acabaré en bancarrota, pero por un día no seré un discapacitado sentimental al volante. Tengo suerte y atravieso tus fronteras, ya que tus policías se han olvidado de pedirme los papeles del autoengaño.

“Ha llegado a su destino” - me dice una vocecita estúpida. Y es que aquí todo es estúpido porque nada tiene sentido. La luna no miente, las promesas se cumplen y los planes acaban saliendo. Y hasta los políticos me caen bien, ya que no hay crisis que valga si te vienes a bailar conmigo.

Hasta que…..despierto. Y el que ríe el último no es el que ríe mejor, sino el que ríe contigo.



“Nadie se muere por nadie, porque todos se mueren por ti” – Adriana Moragues

3 mar 2014

Santiago D.C.

La lluvia es arte, porque contigo siempre llueve a gusto de todos. Iluminas la catedral con la mirada, pero también puedes ser el callejón sin salida más maravilloso de la zona vieja. Mi deporte preferido es verte pasear por la Alameda. Y no hay mejor peregrinaje que el que me lleva hasta tu boca.

El vino del Orense parece de etiqueta si lo bebes tú. Y todos, absolutamente todos, acabarían el París-Dakar si tú fueras la línea de meta. La policía ha desalojado botellones en el Ensanche por exceso de comentarios sobre tu risa. Y el clínico se llena de comas etílicos por tu mirada los jueves que sales a matar.

Haces que la tuna se equivoque cuando bailas para ella. También, puedes ser la proyección por la que se agotan todas las entradas en Cineuropa. Siempre me ponen la mejor tapa en los bares si les hablo de tu sonrisa. Y eres la mejor puesta de sol que se ha visto en el Parque de Bonaval.

   

Y Santiago solo fue de Compostela el día que te quise así